“Eres una persona inservible”, “Nunca podrás, mírate”, “¿Nunca te has visto en un espejo?”, “Eres un parásito”. Crecí escuchando este tipo de palabras. Ha sido inevitable no derrumbarme al momento de comenzar a escribir esto, no sé por qué escribo sobre esto, creo que es porque ha llegado el momento de sacar todo aquello que poco a poco va consumiéndome, día a día, porque escribir ha sido mi salvación, en otras palabras: escribo porque es necesario, porque es mi forma de vivir y de evitar la realidad, de igual manera me pasa con la música. Hoy, una vez más, algunas personas me hicieron sentir tan mierda, al grado de pensar en un montón de pensamientos negativos. Cuando esto sucede, mi subconsciente automáticamente va memorizando estas palabras, a un punto que ha perdido la cuenta. Las personas no saben el daño que causan cuando vienen y te hacen sentir inferior, como si no fueses nada ni nadie. Nunca nadie me ha apoyado, nadie ha estado ahí para decirme que cree en mí (a excepción de mi abuela, pero ella está muerta), nadie me ha dicho “Tú puedes”. Hay que ser sinceros: a veces sólo necesitas que alguien crea en ti, no importa en qué circunstancias te encuentres. Como a veces necesitas que alguien te abrace, porque has tenido un mal día. Al parecer nadie ha logrado comprender que hay personas a las que la vida se les ha hecho añicos, pero que durante todo el día llevan puesto su mejor disfraz: su sonrisa. Hasta que llega la noche y no pueden más: sus muros caen y vuelven al mismo precipicio. Es que a veces uno se cansa de estar fingiendo todo el tiempo, como si nada estuviera pasando, como si todo estuviera perfecto y como si no hubieran heridas abiertas aún. Hoy es uno de esos tantos días en los que me he sentido verdaderamente mal por la culpa de alguien.
Benjamín Griss
Hay veranos que dejan huellas en sonrisas y parece que su efecto durará una eternidad. Esta no es otra noche más, esta es tu noche, mi noche; la noche que dice que los dos tendremos una historia que compartir por los siglos. El mar está de testigo de que la primera vez que te miré, supe desde entonces que quería ser tu verano. Y tú el verano que me hiciese recordar cada noche que unas copas no son suficientes para olvidar el sabor de tu boca, ni de tu forma de caminar, como cuando el viento se esconde bajo tu falda y te sonrojas. Serás ese latido que me recordará que fuiste mi único y verdadero amor de verano, intenso y fugaz. Las estrellas fugaces te pidieron a ti la madrugada de aquel día, ¿recuerdas?
Bailabas,
y te soltabas el pelo,
y gritabas a los siete vientos que ibas a tomar a la vida por los cojones.
Lo sé, el verano está por terminar, sólo quería hacerte saber que: chica, tú eres la mejor. Que por más que venga el invierno con sus estragos, tú serás ese recuerdo que ilumine un poquito mi vida. Recuérdame de vez en cuando, anda; pero no dejes que muera en el olvido, que yo te mantendré en un rincón de mi vida, ahí donde suelen estar las personas a quienes realmente llego a amar lenta, perdida y jodidamente. No cometerte hubiese sido mi mayor error.

-“Sigue tu camino”,
me dice la razón con el corazón en manos.
Venga, un beso,
que te echaré de menos por el resto de mi vida.
Benjamín Griss
He conocido a mucha gente, por desgracia, ninguna se parece en lo más mínimo a ti. He intentado buscarte en otras personas, en otros labios, en otras miradas, en otras camas, en otros lugares; pero no logro encontrarte. Me he refugiado en nuevos sentimientos, aunque por dentro esté un poco muerto. Los amaneceres sólo me recuerdan algo: que no estás aquí. Las estaciones del año pasan demasiado rápido y yo todavía te espero en cada una de ellas, aunque de distinta forma: ya no espero a que vengas. Espero que nunca sepas la diferencia entre una cosa y la otra. Yo por ti he roto cualquier rutina impuesta, cualquier sonrisa triste, cualquier raíz que me ata a otra gente, a otras circunstancias, a otros momentos, a otros otoños. Con los años me fui dando cuenta de que el tiempo no cura nada, sólo te aumenta el deseo de querer que ocurran de nuevo algunas personas, pero en el fondo quiero que duelas siempre, y no es por masoquismo, es porque alguna gente tiene que doler lo suficiente como para que algún día sea aquel recuerdo que, cuando necesitas a alguien, esté aún latiendo. No olvidemos que el dolor es, en ocasiones, el único recuerdo de alguien.
Benjamín Griss
Muchos hablan de las despedidas, del desamor, de los malos momentos, de los fracasos, de las malas decisiones, de los errores, del dolor y de las lágrimas; pero pocos hablan de la magia que existe en el primer beso, de lo bonito y extraño que es tu primera vez con alguien, de la primera calada a tu primer cigarro, de aquellos mensajes que lees una y otra vez, de aquellas visitas inesperadas de personas que no estabas esperando pero que cambiaron tu vida, de los abrazos que se ven en los aeropuertos de personas que no se veían en años, de los atardeceres y de los amaneceres acompañados, de aquellas veces en que tu perro es el único que se emociona y se alegra al verte llegar a casa, de aquellas noches en las que se han escrito grandes historias, de aquellos lugares donde pasas por casualidad y recuerdas todo lo que pasó ahí tiempo atrás, de los veranos que se han escrito con tinta permanente, de los inviernos, de las canciones que te transportan a lugares inimaginables y a personas que ya no están, de la primera atracción hacia una persona y de las cosas que pasan dentro, de la grandeza de los pequeños detalles y no estoy hablando de cosas, muchos no entienden que los pequeños detalles no son cosas, sino acciones que salen de lo más bonito que poseemos, es decir, del corazón.
Benjamín Griss