Y un día alguien viene y te saca a bailar mientras los cristales rotos suenan, pero esta vez no te importa que se escuchen. El mundo puede detenerse, que tú seguirás tomándole de la mano. Los pequeños momentos están hechos para personas extraordinarias, que sean capaces de tomar unos segundos y convertirlos en suspiros continuos. Ya no te importa nadie, porque estás bailando frente a frente con alguien que, de una forma u otra, encontró la manera de llegar a ti. Das gracias, no sabes a quién, pero estás agradecida. Te toma por la cintura y te susurra al oído “Te busqué por cielo, mar y tierra, pero nadie está a tu altura”. Y sonríes como nunca lo habías hecho, sonrojándote a más no poder. Luego tú le susurras “Estás haciendo que mi locura ascienda a niveles incontrolables”. Y cuando está a punto de terminar la canción, te besa. Y mientras bailas deseas que la canción sea eterna, porque quieres vivir por siempre en esos tres minutos. Por primera vez sientes que por un instante el ama se sale y te entra al cuerpo en cuestión de un beso. Y por primera vez deseas que una canción no te lleve a ninguna otra parte ni al lado de otra persona, tienes todo lo que habías soñado en una pista de baile, con la persona exacta en el momento perfecto.
Benjamín Griss