Nunca cambió. Cambió la manera de mirarse a sí misma, de verse frente al espejo y de criticarse. Nunca cambió. Cambió la manera de tratar a los demás por cómo la tratan. La ven sonreír, pero nadie sabe cuántas noches lloró porque le hicieron daño y tuvo un alfiler en la mano. No cambió, mejoró para no cometer tantos errores, para no caer a abismos equivocados. Está jodidamente loca y eso la hace única entre las demás, aún así piensa que es del montón, sin saber que es la chica por la que el cielo cae para besarla. Estoy completamente seguro de que proviene de otro mundo, porque de este no es. Nadie sabe cuántas veces estuvo al fondo de su precipicio favorito, porque si de amar se trata, ella es totalmente inexperta, no tiene ni puta idea de qué es el amor. Nadie sabe cuántas lágrimas lleva debajo de su sonrisa ni cuántos insomnios tiene en la mirada. Nadie sabe lo que tuvo que sufrir para ser la chica que hoy en día es. Nadie sabe hacerla sentir como si la vida no doliese, al contrario, las personas que ha conocido han aportado un granito de arena a su tristeza y a su forma de sentirse ignorada. Le escriben a su felicidad, a su maquillaje, a su disfraz que lleva como si nada estuviese pasando, cuando en realidad el mundo se le cae a pedazos agigantados. Yo le escribo a su tristeza, a su dolor, a su encanto. Nunca cambió, sólo aumentó el amor a sí misma, a sus cicatrices y aprendió a lamerse las heridas en todas las estaciones del año, sin esperar a que alguien viniese a hacerlo. No habla con nadie de sus inseguridades, ni de su manía de hacer parecer las cosas aún más desastrosas. No sé nada de ella, lo que sí sé es que es una de esas chicas que merece la pena tropezar más de una vez, pero es la chica con la que tropiezas solamente una vez en la vida.
Benjamín Griss

Porque se puede llorar sin derramar una lágrima, se puede gritar gritos de auxilio en medio de un silencio y se puede sonreír a quien nos ha disparado. Usual e irónicamente le sonreímos a quien nos ha hecho mucho daño. Muchas veces aquello que nos hace felices, también es la razón de nuestra tristeza. La razón por la cual estamos tan jodidos que no estamos lo suficientemente armados de valor para reconstruirnos las ruinas. O para intentar crear nuevos rascacielos que nos lleven a tocar el cielo. Que las vistas de amaneceres son más bonitas si tienes a alguien al lado, porque todo compartido tiene más sentido y tiene ese toque que hace de un amanecer un momento único e irrepetible. Porque las personas que están, algún día no estarán. Suena muy triste, pero es verdad. Cuando estás hundido, alguien puede hundirte más. Y que de tanto dar amor, llega un día en que ya no tienes nada qué ofrecer ni nada para dar. Porque ya lo has dado todo a gente que se fue y no supo apreciarte, ni apreciar todo lo que hiciste por ella. Es una obligación ser nuestro propio héroe, porque a lo mejor nadie vendrá a salvarnos del final de un principio que empezamos nosotros mismos. Tendremos que empezar a lamernos lo más pronto posible las heridas.

Hay bocas necesitadas de alguien que les haga el amor con los labios, ojos necesitados de ver algo bonito al abrirlos después de una pesadilla y oídos urgidos que les hagan música con la voz. Las pequeñas cosas son las que en verdad hacen una enorme diferencia entre lo momentáneo y lo eterno. Si bien, por un lado debemos aprender a perdonar, por el otro estamos pensando en intentarlo de nuevo con la misma persona que nos lastimó. Y así, claro que nos va a doler más de lo que debería. Somos amantes del dolor, si de amor estamos hablando. Nos gusta caer en las redes de los sentimientos. Es bonito, pero doloroso. Es como subirse a un avión y lanzarse con el paracaídas puesto, pero decidir no abrirlo. Algo así es el amor.

Benjamín Griss
Tomarse la vida tan en serio es como que alguien te invite a ver una película que no te gustó y por cortesía aceptas. Resulta aburrida, desesperante y lenta. Menos paraguas, más personas mojándose bajo la lluvia. Menos madurez, más sacar a pasear al niño que se lleva dentro. La normalidad es la rutina más aburrida que jamás se ha inventado. Y la madurez es la excusa para no hacer lo que salga de los cojones. Si queremos libertad hay que empezar por dárnosla a nosotros. A disfrutarla, a vivirla. A poner más los pies sobre el cielo, que a un cierto punto tenerlos siempre en la tierra también da vértigo. Me encanta escuchar decir a la gente que lo logrará, no por los que le dijeron que no podía, sino para demostrarse a sí misma que es capaz. Que es capaz de alcanzar las estrellas si se lo propone y de conquistar planetas, de luchar en las galaxias. Me encanta esa gente que sueña con infinitos y con imposibles, porque es la que llega a dejar huella en el mundo. Yo te invito a ser tu propia ave Fénix, a renacer sobre tus cenizas, a luchar por lo que amas y a vivir cada día como el primer día del resto de tu vida.
Benjamín Griss